Psicología Clínica y Forense

Especialista en EMDR

Eugenia Infanzón

CRISIS COVID19

Mientras esta situación se mantiene tenemos la oportunidad de hacer frente a una crisis, no se acaba nuestro mundo, empieza una nueva oportunidad de hacer las cosas de un modo diferente. Primer paso: enfrentarnos con éxito al confinamiento.

En este momento podemos servirnos de las tecnologías para no sentirnos tan aislados. Hagamos del problema una oportunidad.

 Consejos para hacer frente al aislamiento

Miles de personas en el mundo lo pasan por razones diversas


1. Establecer una rutina saludable, dormir adecuadamente nos mantendrá de mejor humor.

2. Hacer ejercicio. Estar en casa no es excusa para pasarse el rato en un sillón. Necesitamos segregar endorfinas y mantenernos saludables (hay programas y aplicaciones que nos ayudan).

3.​ ​Obtener información, pero sin excedernos. Nuestro cerebro no precisa alarmarse, sólo tomar precauciones.

4. Usar  las redes en modo interactivo. Usarlas menos de manera pasiva (viendo videos o información) porque el estado de ánimo decae cuando se pasa mucho tiempo ante una pantalla sin interactuar con otros.

5. Comer de manera saludable, pero no como la "alimentación calmante". Cuidado con caer en permitirnos comer para calmar la ansiedad.

6. Ayudar a otros nos ayuda también a nosotros. Dar ánimos y usar el humor.

7. Permitirse sentir tristeza, desánimo o cualquier otra emoción, no son menos útiles que la alegria y el entusiasmo.

8. Aprovechar la oportunidad para usar la mente de forma creativa. Hacer cosas que no podemos hacer normalmente o de manera diferente. Las tecnologías pueden ser ahora nuestras aliadas. Dedícate un rato al día a conectar con tus sensaciones.

Y nunca nunca olvidar recurrir a nuestra experiencia que está plagada de ejemplos de situaciones que hemos superado. Todo tiene un principio y un fin, pasará.

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Leyes de nuestro pensamiento

Publicado el 21 Ee agosto Ee 2019 a las 14:40 Comments comentarios (23)
Leyes de nuestro pensamiento: el establecimiento del problema El pensamiento actúa sobre nosotros trayéndonos al presente la realidad de lo que representa. Imaginemos por un momento un limón. Lo visualizamos, lo pelamos, lo olemos, lo partimos en dos, lo acercamos a nuestra boca, lo saboreamos y lo mordemos, dejando que el zumo resbale por nuestra lengua. Separamos el limón ligeramente y lo exprimimos dejando que el ácido caiga lentamente en nuestra boca abierta y se extienda hasta nuestra garganta. Detengamos la lectura y dediquemos un tiempo razonable a imaginárnoslo. Si nos representamos realmente la situación, seguramente llegaremos a sentir sensaciones similares a las que tendríamos con el limón en la mano, sintiendo su sabor ácido e incluso llegando a salivar (Wilson y Luciano, 2002). En estas líneas no existe el limón; sin embargo, se ha hecho presente al mencionarlo y describirlo y podemos haber reaccionado casi como si la fruta realmente estuviera ahí. Las palabras, escuchadas, leídas o simplemente pensadas, han tomado la misma función que tenía el limón porque producen en nosotros un efecto similar. Nuestras reacciones corporales a los pensamientos son automáticas y se manifiestan en determinadas sensaciones; pero sentirlas no es una prueba de que el contenido del pensamiento (el limón en nuestro caso) exista o se ajuste a la realidad. Algunos pensamientos nos traen al presente el dolor y sl sufrimiento que representa: la pérdida de un ser querido, el fallo en el examen de mañana, la posibilidad de estar enfermo, lo que nos puede pasar si nos enfrentamos a lo que tememos, etc. La solución parecería fácil: dejar de pensar en ello; pero no es tan sencillo. El ejercicio de los números nos muestra que podemos pensar en lo que queremos; pero no podemos dejar de pensar en lo que no queremos pensar: Podemos indicar a alguien que le vamos a decir tres números y que cuando le preguntemos ???¿Cuáles son los números???? nos los repita. Le decimos 1, 2, 3 y le preguntamos un par de veces. Luego le pedimos que por todos los medios a su alcance elimine de su cabeza esos números y los olvide del todo. Esa persona comprobará dos cosas: que en realidad no puede quitárselos de la cabeza y que si se distrae, en cuanto le preguntamos de nuevo, vuelven a aparecer indefectiblemente. Puede intentar decir otros, pero si los cambia, lo hace forzadamente porque los números están en su cabeza y no hay forma de eliminarlos. Con nuestras sensaciones y emociones nos pasa igual: cuanto más nos esforzamos por no sentirlas, más se hacen presentes. Podría parecer que la solución es pensar en otra cosa; pero nuestra atención está jerarquizada: atendemos a las cosas más importantes y lo más importante que tenemos entre manos es aquello que nos da miedo. Si hubiera un peligro presente, por ejemplo, una avispa volando cerca de nosotros no estaríamos muy atentos a leer estas líneas, quitar la atención que dedicamos a los pensamientos que nos indican una amenaza sería igual de difícil. El camino hacia la solución: la aceptación Los números no son importantes y por eso nos olvidaremos en seguida de ellos. En consecuencia, la solución es no dar importancia a lo que nos dicen los pensamientos, a nuestros temores. Este cuento de hadas nos enseña qué es no dar importancia: Había una vez un reino feliz que solamente tenía un problema: un ogro se había instalado en la montaña más alta e inaccesible y acosaba a sus habitantes sin cesar. Un buen día tuvo la osadía de raptar a la hija única del rey y llevarla a su castillo en lo alto de la montaña. El rey, desesperado, publicó un edicto en el que ofrecía la mano de la princesa a quien la rescatase del ogro. Se presentaron dos caballeros: uno con una magnífica armadura nueva y reluciente, y el otro, un pobre caballero que había cogido prestada la armadura de su padre, que era vieja y, además, le venía algo grande. Ambos estaban tan enamorados de la princesa, que se arriesgaron a subir donde el ogro tenía su castillo. Cuando estaban preparándose para su tarea, llegaron noticias de que el ogro se había ido a otra cueva a cazar. Desde la cueva vigilaba el camino al castillo, de forma que nadie podría subir sin que él lo viese. Los caballeros, asombrados de su suerte, iniciaron la escalada. Cuando llegaron al lugar que estaba bajo la vigilancia del ogro, este les vio y les lanzó dos certeras flechas. Les dio a ambos en el hombro, en el mismo lugar, causándoles un dolor insoportable. Además, comenzó a gritarles: ???Con esa flecha en el cuerpo nunca llegaréis al castillo, ni podréis subir las murallas. Perderéis mucha sangre, moriréis antes de llegar. Volved atrás???. El caballero de la armadura reluciente pensó, ???Lleva razón???, y bajó rápido, pensando: ???Necesito estar fuerte para llegar; en cuanto me cure y me sienta bien, volveré y venceré al ogro???. El de la armadura vieja hizo oídos sordos y con el mismo dolor y sufrimiento que el otro, siguió hacia arriba. Llegó al castillo, agotado y dolorido; pero según se acercaba se le olvidaban el dolor y su herida. Finalmente rescató a la princesa y se casó con ella, llegando a ser un rey muy querido en aquella nación. El caballero pobre no dio importancia a la herida y al dolor, mientras que el otro cayó en la trampa de pensar que primero debería sentirse bien para luego hacer lo que tanto anhelaba. El pobre, frente a su deseo de alcanzar su meta, no dio importancia a su herida ni hizo caso a los pensamientos que el ogro puso en su cabeza, mientras que el otro concedió importancia a sentirse bien, por encima de sus valores. Es importante tener claro qué es nuestra ???princesa???, es decir, identificar los valores por los que nos merece la pena arriesgarnos a sentir todo el sufrimiento que sea necesario. Los ejercicios de identificación de nuestros valores y de aceptación del sufrimiento nos ayudan en el camino hacia lo que da sentido a nuestra vida. Hay pensamientos muy dañinos porque no nos dejan que comprobemos si son reales o no. Un antiguo chiste nos ilustra cómo son: Un hombre iba por la calle principal de su pueblo aterrorizado y golpeando de forma extraña dos palos. Cuando le preguntaron qué hacía, contestó: ???Espantando leones???. Le dijeron: ???¡Pero si aquí no hay leones!???, ante lo que afirmó con seriedad: ???¡Claro! Los he espantado todos???. Este hombre tenía el pensamiento de que existían leones que podrían atacarle. Parecería fácil comprobar que el pensamiento es falso; pero al tomarlo como una realidad espantando a las bestias y no podía comprobar la falsedad de su creencia. Si hacemos caso al pensamiento, haremos cosas que no nos permiten tomar contacto con la realidad y comprobar que no es cierto lo que nos dicen. Igualmente, nuestros pensamientos y nuestras sensaciones nos pueden decir que no vamos a ser capaces de conseguir lo que queremos, que no merece la pena ni intentarlo. Si seguimos el impulso que sentimos, no lo intentaremos y no comprobaremos si podemos o no lograrlo. Estos pensamientos nos generan ansiedad o depresión. En el curso se expone con más detalle su funcionamiento, así como los pensamientos que nos llevarán a otro tipo de problemas. La solución es tener claros nuestros valores: lo que nos importa en cada momento, en el presente, aquí y ahora, y hacerlo por encima de lo que nuestros pensamientos y sensaciones nos impulsen a hacer; de esta forma el hombre del chiste sería capaz de dejar de golpear los palos y enfrentarse a los leones virtuales y se daría cuenta de que su pensamiento le engaña. Pero para hacerlo tendría que aceptar la terrible sensación de miedo que le provocará el pensamiento de que un león le va a atacar y no va a hacer nada para defenderse.

Ten la última palabra

Publicado el 13 Ee julio Ee 2019 a las 14:00 Comments comentarios (0)


A veces pensamos que otra persona nos hace sentir inferiores, y reconozco que hay personas con esa habilidad. Pero la última palabra en cómo te vas a sentir es tuya.


Acepta tu responsabilidad en este hecho y sé rotundo afirmando tu valía porque la tienes. Sentirnos poco válidos no nos convierte en éso.


No podemos gustar a todo el mundo, ni todos nos pueden gustar a nosotros.


No importa si no le gustas, no importa si no te valora, ni siquiera importa si habla mal de tí. Lo que de verdad importa es cómo te hablas, qué crees tú y
qué eliges hacer con todo ello.


Rodeate de personas amables, que no dañan cuando dicen la verdad, que te hacen sentir bien, te acompañan, te animan a ser natural... y cuidalas porque vale la pena conservar a personas... como tú.


Terapia individual o terapia familiar

Publicado el 7 Ee julio Ee 2019 a las 14:40 Comments comentarios (0)


Un terapeuta orientado hacia la terapia individual tiende aún a considerar al individuo como el asiento de la patología y a reunir solamente los datos que pueden obtenerse del o acerca del individuo. Por ejemplo, es posible que se dirija un niño a terapia porque es tímido y tiene ensueños diurnos en clase. Es un solitario, con dificultades para relacionarse con sus compañeros.

Un terapeuta que trabaja en sesiones individuales exploraría los pensamientos y sentimientos del niño acerca de su vida presente y de las personas de su medio, los desarrollos históricos de este conflicto con sus padres y hermanos, y la intrusión compulsiva de este conflicto en situaciones extrafamiliares aparentemente no relacionadas con él. Establecería contacto con la familia y la escuela, pero para comprender al niño y su relación con su familia se basaría fundamentalmente en el contenido de la comunicación del niño y en los fenómenos transferenciales. Se considera, dentro de esta concepción, que una modificación interna cognitiva-afectiva constituye el paso necesario para facilitar la superación del problema planteado. 

Podemos comparar al terapeuta que trabaja con este marco de referencia, con un técnico que utiliza un vidrio de aumento. Los detalles del campo son claros, pero el campo está sumamente reducido. Al terapeuta que trabaja con el marco de referencia de la terapia estructural de familia lo podemos comparar con un técnico con lentes graduables. Puede acercarse cuando desea estudiar el campo intrapsíquico, pero también puede observar con un foco más amplio. 

Si el mismo niño fuese enviado a un terapeuta familiar, el terapeuta exploraría sus interacciones con los contextos importantes de su vida.

En las entrevistas con la familia, el terapeuta observaría la relación del niño con su madre, con su mezcla de unión y hostilidad. Es posible que observe que cuando el niño habla en presencia de sus padres, rara vez se dirige a su padre, o que, cuando lo hace, tiende a hacerlo a través de su madre, quien traduce y explica a su hijo ante su marido. Puede observar también que los otros hermanos aprecen más espontáneos, interrumpen a los padres y hablan tanto al padre como a la madre. De ese modo, el terapeuta no tiene que depender do las descripciones del niño acerca de su padre, madre y hermanos para postular la introyección de las figuras do la familia.

Los miembros de la familia se encuentran presentes, muestran su conducta en relación con el niño que, así, puede sor descrita operacionalmente. El foco más amplio y la mayor flexibilidad del terapeuta aumentan las posibilidades de intervención terapéutica. El terapeuta no se limita a la interacción de la familia tal como ha sido internalizada por el niño, sino que puede experimentar por sí mismo la forma en que los miembros de la familia se sostienen y califican mutuamente. Desarrolla entonces una teoría interaccional para explicar el fenómeno que observa. También puede ponerse en contacto con la escuela del niño, puesto que el problema presentado se relaciona con el rendimiento escolar, y las teorías y técnicas de la terapia de familias conducen muy pronto a trabajar con el individuo en contextos diferentes del de la familia.

De ese modo, el terapeuta de familia no basa sus concepciones en una personalidad "esencial" que permanecería inmodificada a través de las vicisitudes de diferentes contextos y circunstancias. Considera al niño como un miembro de diferentes contextos sociales, actuando y respondiendo en su marco. Su concepción acerca de la localización de la patología es mucho más amplia y también lo son, consecuentemente, las posibilidades de intervención 

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(Terapia Estructural de Familia. Salvador Minuchin)




La sugestión, la autosugestión y la sugestión hipnótica

Publicado el 7 Ee julio Ee 2019 a las 13:55 Comments comentarios (3506)

Las personas tienen una fuerte tendencia a pensar, emocionarse y comportarse de acuerdo con las sugestiones de los demás, incluso cuando estas sugestiones llevan a deficientes resultados individuales o sociales. Toman estas sugestiones y las convierten en poderosas autosugestiones porque afectan mucho su propia conducta.


Estas fuertes tendencias a actuar crédulamente influye mucho en su perturbación emocional.

Por la misma razón, ellas pueden con frecuencia mejorar sus perturbaciones actuando sobre la auto-sugestión, sobre la sugestión de los demás o sobre la sugestión hipnótica.

Casi toda psicoterapia contiene poderosos elementos de sugestión; una forma eficaz de terapia la utiliza conscientemente hasta cierto punto. Sin embargo, una terapia eficaz y elegante intenta al mismo tiempo ayudar a los clientes a tener menos sugestionabilidad y hacerse más influenciables por su propio pensamiento basado empírica y experimentalmente y menos influenciable por la sugestión absolutista de los demás.

Se han realizado numerosos estudios que demuestran la eficacia de la sugestión hipnótica sobre el cambio de la conducta. El pensar positivamente o convencerse uno mismo auto-sugestivamente de que puede realizar bien ciertas tareas, muchas veces produce buenos resultados y aún mejor, puede abrir el camino a avanzar en el aprendizaje de detectar e invalidar científicamente el pensamiento negativo.



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